Mary-Kate Olsen revela los detalles de su no tan glamourosa vida de casada con Olivier Sarkozy



 ES una de las gemelas más célebres de la televisión, el cine y la industria de la moda, uno pensaría que Mary-Kate Olsen lleva una excéntrica vida de casada llena de lujos, viajes, cenas en restaurantes exclusivos y fiestas con las celebridades del momento en Hollywood. Nada más lejos de la realidad. Sí, es cierto que la joven de 30 años está acostumbrada a ciertos lujos, pero su día a día es tan común como el de cualquiera de sus admiradoras que creció viendo Padres forzosos. En una entrevista para Net-a-porter.com, Mary-Kate Olsen reveló cómo ha sido su primer año de casada con el banquero francés Olivier Sarkozy.

Tengo un marido, dos hijos adoptivos y una vida. Después de trabajar, debo regresar a casa y hacer la cena", contó la joven de 30 años sobre su rutina diaria. Unas declaraciones que no dejaron de sorprender a sus seguidores por la normalidad de su día a día. Además contó que para ponerse en forma sale a hacer footing: "Saldo a correr entre semana y monto a caballo los fines de semana. Hay que encontrar algo que te ayude a relajarte y si no lo tienes, debes buscarlo. O quizá optes por quedarte atorado y no ser productivo", agregó.

Esta es la primera vez que Mary-Kate habla sobre su vida privada, después de una boda íntima y privada celebrada en Nueva York en noviembre de 2015 a la que asistieron tan solo 50 invitados. Olivier Sarkozy es padre de dos hijos, Julien, de 14 años, y Margo, de 12, de su anterior matrimonio con Charlotte Bernard.


Mary-Kate ahora antepone su vida familiar a sus negocios con su hermana, Ashley, quien sigue sus pasos en mantener su vida personal en su intimidad. "Preferimos conectarnos con la audiencia a través de la ropa que creamos", explicó diciendo que no recurren a las redes sociales para hablar de su vida.



Sobre su carrera como actrices, ni Mary-Kate ni Ashley planean volver a estar delante a las cámaras, pero fue gracias a esa experiencia donde encontraron la inspiración para convertirse en diseñadoras de moda. "De jóvenes estuvimos en el ojo público y parte de nuestra responsabilidad era fijar las tendencias de la época o adelantarnos a ellas", comentó. La idea de sus propias marcas -The Row, Elizabeth y James- surgió del deseo de ayudar a las mujeres a explotar su identidad. "Queremos ayudar a las mujeres a sentirse según su estado de animo. De vez en cuando nos dan ganas de cambiar de peinado o perfume. Queremos usar tacones o zapato plano. Nos gusta mezclar y esa es la belleza de la ropa".

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